
Mi respiración entrecortada ahogaba sus latidos. Lentamente la razón dejó paso a la intuición y poco a poco fui sucumbiendo suave y dulcemente.
Sus manos me acariciaban sin tocarme, pude sentir su fuerza y su intensidad...
Una luz, un destello al final del túnel, al final del camino, que demasiadas veces, quizá, me negué a atravesar. Nada quedaba atrás para mí, para él, para ella... una única dirección sin posibilidad de retorno. Miré atrás, mi pelo al viento rozó mis labios secándome una lágrima que tímidamente resbalaba por mi mejilla.
La brisa, húmeda y cálida, me hizo comprender a dónde me dirigía. El reflejo que me devolvió la apacible superficie hizo que me tambaleara, retrocediendo torpemente. Esos ojos de nuevo.
Levanté la vista y descubrí una pequeña cascada ante mí. Sin tener tiempo de asumir qué ocurría comencé a correr, mirando hacia atrás cada vez menos, siguiendo unos pasos, siguiendo los pasos por los que ella me guiaba. El bosque alrededor resplandecía en diferentes tonalidades de verde mientras el ambiente estaba impregnado de sutiles aromas. Siguiendo el cauce del río no podía parar de correr, contracorriente me preguntaba si sería capaz de llegar, si mis piernas no cesarían en su intento y me llevarían de vuelta al otro lado del túnel.

Al topar con las gotas de agua suspendidas en forma de una tenue neblina quedé sumida entre el desconcierto y la expectación. El fuerte rugido del agua me hizo emerger de ese estado obligándome a admirar lo que ante mis ojos tenía. Una nueva cascada, mucho mayor que la anterior.
Ya no hubo necesidad de correr, paso a paso, conseguí superar la majestuosidad de la cascada. Un lago, de aguas cristalinas y tranquilas, arropado por un silencioso y frondoso bosque me dio la bienvenida. De repente mi perspectiva (la suya tal vez...) cambió, bajo mis pies el lago, sobre mi cabeza un haz de luz cada vez más brillante. Quedé inmersa en esa luz.
Al abrir los ojos seguía sentada, la cabeza agachada, las lágrimas pugnaban por salir, quemándome los ojos... mis manos ardían y en mi pecho sentía como él volvía a estar ahí. Ella me sostenía mientras mi cuerpo hacía ademán de caminar, abrazándome mientras me susurraba al oído.
Me dejé caer, dejándome llevar hacia los rincones olvidados, a donde siempre se escondía un tigre albino de ojos claros que tiempo atrás consiguió herirle zarpazo tras zarpazo. Pero el tigre había desaparecido, nada quedaba de él.
El calor de sus manos me hizo volver sintiendo el fuego en mi pecho y el abrazo de quien ha vuelto y no quiere volverse a marchar.
Sus manos me acariciaban sin tocarme, pude sentir su fuerza y su intensidad...
Una luz, un destello al final del túnel, al final del camino, que demasiadas veces, quizá, me negué a atravesar. Nada quedaba atrás para mí, para él, para ella... una única dirección sin posibilidad de retorno. Miré atrás, mi pelo al viento rozó mis labios secándome una lágrima que tímidamente resbalaba por mi mejilla.
La brisa, húmeda y cálida, me hizo comprender a dónde me dirigía. El reflejo que me devolvió la apacible superficie hizo que me tambaleara, retrocediendo torpemente. Esos ojos de nuevo.
Levanté la vista y descubrí una pequeña cascada ante mí. Sin tener tiempo de asumir qué ocurría comencé a correr, mirando hacia atrás cada vez menos, siguiendo unos pasos, siguiendo los pasos por los que ella me guiaba. El bosque alrededor resplandecía en diferentes tonalidades de verde mientras el ambiente estaba impregnado de sutiles aromas. Siguiendo el cauce del río no podía parar de correr, contracorriente me preguntaba si sería capaz de llegar, si mis piernas no cesarían en su intento y me llevarían de vuelta al otro lado del túnel.

Al topar con las gotas de agua suspendidas en forma de una tenue neblina quedé sumida entre el desconcierto y la expectación. El fuerte rugido del agua me hizo emerger de ese estado obligándome a admirar lo que ante mis ojos tenía. Una nueva cascada, mucho mayor que la anterior.
Ya no hubo necesidad de correr, paso a paso, conseguí superar la majestuosidad de la cascada. Un lago, de aguas cristalinas y tranquilas, arropado por un silencioso y frondoso bosque me dio la bienvenida. De repente mi perspectiva (la suya tal vez...) cambió, bajo mis pies el lago, sobre mi cabeza un haz de luz cada vez más brillante. Quedé inmersa en esa luz.
Al abrir los ojos seguía sentada, la cabeza agachada, las lágrimas pugnaban por salir, quemándome los ojos... mis manos ardían y en mi pecho sentía como él volvía a estar ahí. Ella me sostenía mientras mi cuerpo hacía ademán de caminar, abrazándome mientras me susurraba al oído.
Me dejé caer, dejándome llevar hacia los rincones olvidados, a donde siempre se escondía un tigre albino de ojos claros que tiempo atrás consiguió herirle zarpazo tras zarpazo. Pero el tigre había desaparecido, nada quedaba de él.
El calor de sus manos me hizo volver sintiendo el fuego en mi pecho y el abrazo de quien ha vuelto y no quiere volverse a marchar.
"...There's my territory
And all the things I deserve
For being such a good girl, honey..."
And all the things I deserve
For being such a good girl, honey..."
